
Probablemente el Universitario no vuelva a tener una opción tan clara para tumbar al líder de la División de Honor como de la que dispuso ayer. Las pupilas de Miguel Maseda firmaron uno de sus mejores choques en lo que va de campeonato, defendieron con una intensidad que comienza a ser habitual ya y atacaron, por momentos, y eso no es tan común, con una fluidez pasmosa anotaron 24 puntos en un tercer cuarto para enmarcar; pero al final, la calidad individual de las jugadoras irundarras y el desgaste realizado por las locales nubló las ideas del Universitario en una trepidante recta final. Y es que a tan sólo 49 segundos para la conclusión del partido las ferrolanas perdían de sólo un punto (59-60) y tenían fundadas opciones de victoria.
Un marcador impensable teniendo en cuenta que el arranque del grupo departamental no fue el mejor posible. Durante cinco minutos se ciñó al guión planteado por Miguel Maseda, pero la falta de acierto de cara al aro rival y tres malas finalizaciones provocaron otros tantos ataques fáciles para un Hondarribia que no perdonó. Y así, en un visto y no visto, las vascas marcaron un parcial de 3-14 que amenazaba con romper el partido. Con Vrantcheva y María Vilouta en el banquillo ambas muy descentradas y en plena sequía ferrolana, la ventaja del Hondarribia se disparó a un 9-21 que presagiaba una paliza similar a la de la primera vuelta.
Pero la entrada en pista de Battle y Raquel Álvarez gran trabajo defensivo sobre Brown dio otro aire al encuentro, haciendo despertar a todo el equipo. El acierto desde la línea de 6,25 de las departamentales metió a las de Maseda en el partido de nuevo. El choque ganó en ritmo, en intensidad, y al Hondarribia le costó adaptarse a este nuevo rol. El Universitario recordó su victoria en León, creyó de nuevo en sus opciones y, tras llegar al descanso cuatro puntos abajo (26-31), salió del vestuario dispuesto a revolucionar definitivamente el partido.
Y vaya si lo consiguió. Con un 7-0 en apenas dos minutos dejó perplejo al grupo vasco, que a duras penas aguantaba el intercambio de canastas. Fueron los mejores minutos de las ferrolanas, con un ataque fluido y un trabajo encomiable atrás que encogía el brazo del Hondarribia. Y mientras tanto, Battle y Sofía Ramalho suministraban de puntos al Universitario que aguantaba el tirón.
Colofón > Pero la diferencia entre un equipo en construcción como el departamental y otro que se mueve en la creme de la elite es la capacidad de lidiar con situaciones extremas y el último cuarto del partido se convirtió precisamente en eso, en un duelo de alto voltaje. Y es que cuando un equipo cuenta con jugadoras de la categoría de Brown, Pelaez, Hlede o Ferragut se puede permitir el lujo de permanecer aletargado y soltar al final un zarpazo imprevisible que nunca se sabe de dónde puede llegar. Ayer, el ángel exterminador se encarnó en Murriel Page diez puntos consecutivos, que se echó al equipo a las espaldas en el último cuarto para remontar la contienda. Con seis puntos abajo en el marcador (52-58) fue al Universitario al que le tocó remar contracorriente y a la desesperada. Incluso en eso respondió, alcanzando el relatado 59-60. Pero precisamente ahí el Hondarribia demostró por qué, a pesar de no deslumbrar como otros gallitos de la liga, es el líder. Hace falta gritar mucho para asustarlo y al Universitario le faltó voz en el minuto final. Bueno, le faltó voz, le faltó fuerza, le faltaron ideas y le sobró precipitación.
Todos los partidos son para ganar, pero algunos como el de ayer son, sobre todo, para gustarse y el Universitario apuntó muy buenas maneras. Por eso, la lectura que ha de quedar no es otra que, si juega a este nivel ante rivales más asequibles, la salvación está en sus manos.
El camino lo conoce, ahora ha de seguirlo.